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Mis queridos amigos en Cristo,

La vida casi nunca es sencilla. Por diversas razones algunos niños lamentablemente nunca tendrán la oportunidad de experimentar una infancia libre de preocupaciones. En los últimos diez años nos hemos dado cuenta de cuán devastadoras son algunas de esas razones cuando oímos hablar de niños que sufren abuso a manos de un pariente, un maestro o por desgracia un miembro del clero o laicos que actúan en nombre de la Iglesia.

Como católicos creemos que cada vida es sagrada. Cada persona es creada a imagen y semejanza de nuestro Dios amoroso. La violencia, la ira o abuso de cualquier tipo son inaceptables y tenemos una gran responsabilidad de trabajar hasta poner a fin toda violencia.

Juntos debemos ser vigilantes y hacer todo lo posible para proteger a los niños. A través de nuestro “Programa de Ambiente Seguro”, conducimos investigaciones de record policial y capacitamos el clero, los religiosos, laicos, empleados, padres de familia y voluntarios. Les enseñamos a reconocer las señales de abuso y descuido de niños y adultos vulnerables y como informar si sospechan abuso. Les enseñamos como asegurar que nuestros programas estén libres de peligro para que los miembros de nuestra comunidad que participan en esos programas estén protegidos en todo momento. También reconocemos la importancia de educar a nuestros niños sobre la protección personal y como comunicarse con sus papás u otros adultos de confianza cuando necesitan ayuda.

Nuestros programas de ambiente seguro fueron revisados y aprobados por el Consejo de Revisión de la Arquidiócesis, la Oficina de Formación en la Fe Católica, y mi predecesor, el arzobispo Brunett. Se comprobó que los programas son adecuados a la edad, y consistentes con las enseñanzas de la Iglesia Católica. Al llegar a Seattle, participé en el programa “Un llamado a Proteger” (Call to Protect Ministries), y me pareció una actualización excelente del entrenamiento que ya había recibido.

A lo largo de la Sagrada Escritura, oímos una y otra vez como Dios se vale de nuestras noches oscuras, de nuestros momentos de tragedia y tristeza para acercarnos a él. Dentro de la Iglesia una de nuestras noches más oscuras surgió a través de la revelación de la crisis de abuso sexual. Pero con la ayuda de Dios saldremos de la oscuridad a la luz, protegiendo con un corazón amoroso a todos los débiles y vulnerables que Dios nos ha encomendado y haremos posible que nuestros niños vivan una niñez libre de preocupaciones.

+ J. Peter Sartain
Arzobispo de Seattle